Les voy a contar una ironía que si la ven sin prejuicios resulta bien graciosa. David era el patito negro de su familia. Y digo que es graciosa, porque su familia y su -ejem- padre eran localmente conocidos por lo prieto de su piel (cuando venian caminando juntos solian gritar "ahí vienen los chocorroles). Su progenitor, para variar con los sinonimos, Don Andres, era apodado Don Chocolate; mientras que su hermano mayor, Gabriel, "La Sombra". Es horrible vivir en los fraccionamientos, verdad. Pues bueno, aquí tenemos al patito negro, David, que era un verdadedor querubin, sus ricitos rubios, su piel blanca y muy fina; todo lo opuesto a su otro broder, Miguel, que tenía la cara grasosísima y colonizada por una gran multitud de furunculos e imperfecciones (¡ja!) "barros, espinillas y acne: que feo se ve". No'mbre si les digo que las colonias lumpen nunca las olvidas, no a lo gratis, los "nuevos ricos" se vuelven los mas feroces e intolerantes hacia las clases mas jodidas. Pero bueno, ¿en que iba? Claro, David era el apestado de su familia. Excepto por su madre, doña Blanca, una hermosa mujer, la mas bella de espiritu que ha existido en el mundo o al menos que existe en esta historia. Ella lo protegia y cuidaba con gran amor. Y es que Davidcito vino un poquito frágil (sólo en la niñez, como mas adelante constataran) Pasaba noches enteras desvelada a su lado, haciendo que crezca el resintimiento de Don Andrés hacia el infante. Aun así, David fue un niño bien despierto: le encantaba brincar de allí para alla y mostraba grandes tendencias a convertirse en lider. Con los niños de la colonia, por supuesto. Porque en su casa era el chalan de todos -cuando la madre no estaba, que era lo mas del tiempo- Ese albino, vete por unos doritos, dame el dinero, pagalo tú pinche lechoso, nones, ¿cómo que nones? ¡Carajo! Le jalaban los pelos y a punta de patadas salía a la calle, llevando alguno de sus luchadores de juguete para empeñar en la tienda (cuando doña Blanca se enteraba los recuperaba). A pesar de los malos tratos, David, nunca sintió rencor hacia sus hermanos. Sabía que en el fondo le querian, y para serles sincero. Sí, le querian, pero la envidia es cabrona. Así que las tardes y los días pasaban de esa forma, mientras Doña Blanca se la pasaba de criada de casa en casa. Estaba pasando por un mal momento, pues las nuevas familias preferian muchachitas sin experiencia para poder explotar mejor. Así que no tardaba mucho en la casa donde encontraba trabajo y la llegada de una quinceañera inexperta (eufemismo) y el regreso a su casa en busca del periodico. Ese era el ciclo de su vida. Pensar que nueve años atras (justamente la edad de davidcito al momento de este recuerdo) todo era diferente. Todo por culpa del incidente, si no hubiese sido por él la familia tendría suficiente estabilidad economica, pero sobre todo emocional. Don Andrés no tendría que partirse el lomo diez horas en los camiones metropolitanos sólo para llegar encabronado y repartiendo golpeas a diestra y siniestra (sólo en esos momentos habia ecuanimidad entre los siete hijos). A ver, pinche escritorzuelo, estoy de acuerdo que la idea de esto es crear un folletín, pero no mames, te está saliendo una novela de Televisa hecha y derecha, puta, pero si ya me estoy imaginando a Lucerito y Thalia juntas llorando en la calle, a ver si le bajas no, sólo me hace falta sacar un violin. De acuerdo, pero nada más quiero recalcar que la situacion aquí expuesta no fue creada por mí, es decir, joder, en la calle está mil veces peor. En ese sentido, el presidente y los senadores han resultado mejores escritores de melodrama que yo. Pero bueno, continuemos con Davidcito y su familia: en resumen: nueve integrantes: Doña Blanca, mamá, Don Andrés, papá y los siete hijos en orden de aparición: Gabriel, Miguel, Rafael, Ezequiel, Manuel (gemelos), Israel, David. como habran podido deducir, ambos padres eran muy catolicos. Estas familias parecen sacadas de un mismo molde. El padre, don Andrés les abandonó cuatro años atrás, y fue un desastre. Uno de esos traumas que te impiden disfrutar la vida el resto de ella. La pobre doña Ana permaneció en el suelo, bañada en sangre ante los ojos aterrorizados de David, Israel, Ezequiel y Manuel. Mientras el autor de sus días abandonaba la casa para siempre. Los jovenes se arrodillaron junto a su madre, como si fuera una virgen y ella los abrazo a todos juntos, sus brazos se alargaron de una forma asombrosa. Nunca mas volvieron a saber de él. Afortunadamente -en el lado económico- Gabriel y Miguel ya trabajaban y podían ayudar al sostenimiento familiar. En muchos aspectos mejoró la condicion de todos, pero definitivamente algo se había fracturado irremediablemente. Todos se habían vuelto mas taciturnos, rencorosos, pero de una forma fría. Doña Blanca continuo cambiando de trabajos y subsistiendo durante tres años, al cabo de los cuales, murio. Los siete hermanos costearon su entierro y vieron todos los requirimientos necesarios para el funeral. Pocos asistieron, en su mayoría, vecinas y amigos de los jovenes. Gabriel tomó instantaneamente el control familiar y todos debian obedecerle. Fueron tiempos felices, pensaba David, en la sombra de su celda. Ya un poco menos apestoso y más limpio. Todos vivian como en una comunidad primitiva (esos chocorroles y ese twinky de vainilla seguian gritando algunos), ayudandose unos a otros, al grado que David e Israel continuaron estudiando sin tener que trabajar. Recordaba lo alegres que estaban todos en "La Bananera" y como se abrazaban como nunca lo habían hecho en su vida. ¿qué celebraban? La graduación de de Israel de la prepa. ¿cómo estaran ellos? ¿Se encontraran bien? ¿estaran por ahí, en Guatemala, perdidos igual que él? ¿les habra ido peor? ¿será posible que... En ese momento la puerta crujió, ese drogadicto, ya tienes compañía, uno de los tuyos. Vio entrar a un joven de veinte años, con cara de crudo y sonrisa sardonica, totalmente tranquilo. Tomo asiento a su lado, le midio de la cabeza a los pies, hazte un lado pinche escuincle, y se acostó a dormir en la única cama de piedra de la celda. David permaneció de pie observandolo y sin terminar de comprender todo lo que sucedia.