lunes, 15 de junio de 2009

La entrevista


1. El brillante músico y compositor mexicano, Agustín Lara, era comunmente increpado por los medios de comunicación debido a su público consumo de la "hierba milagrosa". Ocasiones en las cuales, dependiendo de su estado de ánimo, los reporteros podían recibir ya sea una respuesta filosófica-iluminadora hasta una mentada de madre. Una de las escenas más divertidas y memorables transcurrió durante una tarde de octubre de 1959, cuando el músico concedía una entrevista en la comodidad de su casa. Hablaron en torno de María Felix, la música europea, las carreras de caballo, (de las cuales Agustín siempre tenía algo que decir) cuando el periodista, siempre ansioso de desmitificar a los idolos populares, le lanzó con una ponzoñosa sonrisa la siguiente pregunta:

-Usted suele jactarse de ser el mejor músico mexicano actual, pero somos muchos los que opinamos que es gracias a la marihuana que puede usted componer sus canciones, ¿es verdad esto, qué opina al respecto?

El maestro, con los ojos vivos -más de la impresión que del coraje- se puso en pie, caminó rumbo a su buró, abrió los cajones y sacó un pequeño envoltorio. Dentro del paquete había una pequeña cantidad de la hierba conflictiva; con un desden inenarrable se la aventó en la cara al periodista y en medio de la confusión de éste, le gritó:

-Ahí tienes pendejo, a ver, escríbeme una canción.

Todos los que presenciamos el incidente coincidimos en que fue una de las grandes escenas de la farandula mexicana; pasaron días enteros en los cuales continuabamos festejando la genialidad y gracia de nuestra estrella nacional. La noticia, por supuesto, fue comentada por todos los periodicos, la radio y televisión. Pero lo curioso es que no fue gracias al periodista, cuyo nombre no recordamos (ni interesa), sino a nosotros: todos los que estuvimos presentes en aquel momento donde la irreverencia, la subversión, la rebeldía y la inteligencia se materializaron en una sola persona. Cuando años después, nos reuniamos en los cafés y conversabamos en torno a aquella entrevista, logramos entender lo que tanto nos impresionó: la sensación de ruptura. De un cambio. De contemplar un pronostico de lo que vendría en años siguientes. Y los sesentas nos dieron la razon.